Las Percepciones y las Impresiones Mentales

En algún momento de nuestra vida todos hemos escuchado el famoso: “todo es mental”, quizá lo decimos en tono de burla o pensamos que aplica para unas cosas y para otras no, sin embargo esta es una verdad universal que se descubrió por lo menos hace 5,000 años.

Si analizamos cómo percibimos todo lo que nos rodea, nos vamos a dar cuenta que para conocer y para formarnos, utilizamos sólo nuestros limitados sentidos junto con las impresiones mentales que adquirimos de acuerdo al entorno en cual nacimos y son: familiares, sociales, culturales, religiosas, económicas, regionales, entre muchas otras.

Lo que hoy en día percibimos, en verdad está en nuestra mente, no porque no exista nada fuera dé ella, sino porque nuestro cerebro, a través de los sentidos está interpretando una serie de impulsos electromagnéticos que llegan en todo momento, para que este cree una proyección de lo que llamamos realidad, pero estamos lejos de esta, debido a que nuestros instrumentos para percibirla (los sentidos) son muy limitados, basta con buscar el espectro visible del ojo humano para ver lo limitado que es este sentido, por poner un ejemplo.

Esto quiere decir que no podemos conocer y percibir correctamente lo que existe fuera de nosotros, estamos limitados a nuestros sentidos, y a la influencia de nuestras impresiones mentales que fueron y son sembradas continuamente; estas forman nuestras percepciones y van moldeando nuestra mente, que al final es la que recibe la información proveniente de los sentidos y proyecta nuestra realidad.

De esto podemos deducir rápidamente que nuestro entorno de hoy en día es modificable, si tan sólo logramos modificar nuestras impresiones mentales.

Las enseñanzas del Buda en el Tallador del diamante dicen lo siguiente:

“Hemos visto que en las cosas encuentra un potencial escondido, una especie de fluidez acerca de lo que pueden ser. Nadie es irritante por su propio lado, porque otro le puede encontrar simpático; no importa como lo veamos nosotros, esa cualidad no viene de él. Por lo tanto, ¿de dónde viene? Obviamente, de nosotros, de nuestra propia mente. ¿Podemos afirmar pues que, si todo proviene de nuestra propia mente, podemos elegir ver como bueno lo malo que nos sucede? ¿Un mal trato como un buen trato?

Ya sabes que las cosas no funcionan de este modo. No puedes comprar una casa o llevar a los hijos de la universidad solo porque lo desees. Aparentemente, aquello que nos hace ver las cosas de un modo u otro, lo hace de manera que nos obliga; es decir, lo que sea que nos hace ver que nos sucede algo, bueno o malo, nos fuerza a verlo de ese modo. Esto es debido a las impresiones mentales de las que hablábamos antes. El arte de la sabiduría budista consiste en usarlas para nuestro propio beneficio y para ello tienes que saber cómo funcionan.

De lo que hablamos aquí es de una idea que los tibetanos llaman ke nyen chenpo: “gran potencial para beneficios y gran riesgo de pérdidas, todo en el mismo paquete. Incluso aquellos actos menores o descuidados dirigidos hacia los demás plantan semillas en nuestra mente que, con el tiempo, pueden florecer, crecer en forma de experiencias inmensas. ¿De qué modo florece en dichas semillas? ¿Qué normas entran en funcionamiento aquí? Nuestra mente es como un vasto depósito de miles y miles de impresiones mentales que hacen cola para despegar, como aviones en la pista de un aeropuerto.

Según los principios mencionados antes, las impresiones más fuertes despegan primero, y las impresiones más débiles se retrasan pero acumulan energía cada minuto que permanecen en la pista de la mente. Siempre que cometemos una acción que plante una impresión más poderosa que las existentes, será esta la que tome la delantera, como un avión al que la torre de control le ha comunicado que adelante a los demás. Cuando la impresión-avión despega, es decir cuando la impresión asciende a la mente consciente, colorea toda nuestra percepción de cualquier acontecimiento que estemos experimentando en aquel momento.

Una impresión plantada en tu mente por culpa de un acto negativo, por algo que hirió a alguien, solo te puede forzar a percibir un resultado desagradable. Y una impresión plantada al hacer un acto positivo, ayudar a alguien, solo te puede forzar a percibir como resultado una experiencia agradable. Expresándolo con sencillez, un acto negativo solo puede conducir a resultados negativos, y un acto positivo solo puede llevar a resultados positivos. Jesucristo tenía esta idea en mente cuando dijo que las uvas nunca pueden surgir de las espinas, y los higos de los cardos.

Incluso actos muy pequeños o prácticamente sin intención pueden proyectar percepciones futuras y mesas. Cada experiencia por la que pasamos es activada por una impresión previa: nada a nuestro alrededor, ni la gente, ni las cosas, ni los sucesos en sí, ni siquiera nuestros propios pensamientos, ocurren sin que una impresión en nuestra propia mente ascienda a la conciencia y haga que la percibamos. Una vez se planta una impresión de la mente, debe derivar en alguna experiencia: ninguna impresión se pierde.”

El tallador del diamante, Michael Roach, Ediciones Amara

A continuación una lista de las correlaciones entre acciones específicas, sus impresiones y lo que te hacen ver.

  1. Para verte a ti mismo experimentando éxito en los negocios y prosperidad financiera, planta impresiones en tu inconsciente por medio de mantener un estado mental generoso.
  2. Para verte en un mundo, en general, un lugar muy feliz, planta impresiones en tu inconsciente por medio de mantener un modo de vida ético.
  3. Para verte físicamente sano planta impresiones en tu inconsciente por medio de evitar enfadarte.
  4. Para verte capaz de enfocar tu mente de manera firme, planta impresiones en tu inconsciente practicando profundos estados de concentración o meditación.
  5. Para verte a ti mismo y a todos los seres conseguir cualquier deseo, planta impresiones en tu inconsciente por medio de cultivar una actitud compasiva hacia todos.

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